Cómo entender el desarrollo de su hijo
A menudo, lo que parece un comportamiento desafiante es simplemente un niño haciendo exactamente lo que corresponde a su edad. Que un niño de tres años ponga a prueba todos los límites o que un joven de trece se distancie son etapas normales del desarrollo, aunque desde dentro no se perciban necesariamente así.
Estas guías explican qué cabe esperar en cada etapa, qué cambios suelen producirse y cuándo resulta conveniente buscar apoyo.
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Las rabietas, el desafío a los límites y las emociones intensas son parte natural de esta etapa; no indican que algo vaya mal. Sin embargo, algunas familias perciben que los momentos difíciles empiezan a superar a los buenos, o que la disciplina ya no funciona, por más que lo intenten. Si la vida cotidiana resulta más complicada de lo que debería, hablar con alguien puede ser de gran ayuda.
La Terapia de Interacción Padres-Hijos (PCIT, por sus siglas en inglés) está diseñada específicamente para esta edad. Ofrece a los cuidadores orientación en tiempo real sobre cómo reaccionar, y la mayoría de las familias observan cambios en cuestión de meses. [Más información sobre la PCIT]
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Los niños de esta edad están aprendiendo a gestionar emociones intensas con un cerebro que aún está desarrollando las capacidades necesarias para ello; por tanto, es de esperar que se produzcan rabietas y conductas desafiantes. Busque ayuda si la agresividad va en aumento, si el comportamiento de su hijo está causando problemas en la guardería o el centro de educación infantil, o si siente temor o ansiedad ante determinados momentos del día.
La Terapia de Interacción Padres-Hijos (PCIT, por sus siglas en inglés) es muy eficaz para los niños de este grupo de edad. Un terapeuta le guía en tiempo real mientras juega con su hijo, permitiéndole así practicar nuevas habilidades al mismo tiempo que las pone en práctica. [Más información sobre la PCIT]
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Esta es una etapa de cambios acelerados: las amistades se complican, las exigencias escolares aumentan y los niños empiezan a desarrollar una vida interior que no siempre comparten. Considere buscar ayuda si observa un cambio persistente en el estado de ánimo, problemas continuos en la escuela, desinterés por actividades que antes disfrutaban o conflictos en casa que no disminuyen.
Ofrecemos terapia familiar y apoyo a los padres para este grupo de edad, y podemos ayudarle a distinguir entre lo que es propio de esta etapa y aquello que requiere atención.
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El distanciamiento es una etapa propia del desarrollo, al igual que el hecho de que un adolescente de repente quiera pasar menos tiempo contigo. Aun así, duele. Vale la pena hablar con un profesional si observas tristeza o irritabilidad persistentes, una disminución del rendimiento escolar, cambios en los hábitos de sueño o alimentación, consumo de sustancias, o si la distancia entre ambos se ha convertido en una brecha que ninguno de los dos sabe cómo salvar.
Nuestros especialistas trabajan con adolescentes y sus familias; además, ofrecemos apoyo para el duelo cuando la situación implica una pérdida.